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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Navidad: Celebración del Amor

Valentín Araya-Mesén

Director Asociado, Ministerios para la Familia Hispana

“¿Qué es Navidad?” Preguntó el profesor a sus estudiantes. Uno de ellos dijo: “Navidad es cuando los cristianos celebran el nacimiento de Jesús”. Al profesor le gustó la respuesta, sin embargo, le sugirió que la cambiara a “Navidad es cuando celebramos el amor”.

El estudiante tenía razón. En navidad celebramos el cumpleaños de Jesús, aunque la fecha exacta de su nacimiento no se ha podido precisar con exactitud. Y el profesor también tenía la razón. Porque si celebramos a Jesús en Navidad, es por lo que Jesús representa para la humanidad. La navidad escoge un aspecto importantísimo y central de la vida y el mensaje de Jesús para celebrarlo, el amor.

En Navidad celebramos el amor del Padre que, amando sin medida al mundo, manda a su propio hijo para que nos muestre el camino hacia la vida eterna (Jn 3,16). Celebramos también al Hijo, al Emmanuel, al Dios con nosotros, que nos viene a enseñar qué es el amor y cómo debemos amar. Jesús es el amor del Padre hecho presencia, hecho carne entre nosotros. Él nos dice que lo primero es amar a Dios sobre todo lo demás y luego, amar al prójimo como a nosotros mismos (Mt.22,36-40).

Jesús nos dice además que no basta con amar a los que nos aman y nos hacen el bien. Debemos ir un poco más allá y amar incluso a aquellos que desean el mal para nosotros. Jesús nos manda a bendecir a quienes nos odian o persiguen y a hacer el bien a los que nos hacen mal (Mt 5,44-46).

Este mandato de Jesús parece muy severo y difícil de cumplir. A primera vista parece una imposición injusta por parte de Jesús. Aún así, es una excelente oportunidad para crecer en el amor y en el espíritu divino. Jesús no nos deja esta enseñanza para fastidiarnos, sino más bien, para ayudarnos.

Para nadie es un secreto que los odios y resentimientos hacen mucho daño a las personas. Gastritis, úlceras, estrés, violencia, mal humor, son algunos problemas que experimenta nuestro cuerpo cuando se deja sentir odios y resentimientos. Las ciencias hoy día están hablando incluso de situaciones de cáncer que tienen orígenes psicosomáticos como los mencionados arriba.

Cuando finalmente la persona perdona, la fuente de ese mal se elimina y entonces viene la sanación tanto espiritual como física. Por tanto, amar al enemigo significa también perdonar, renunciar a las venganzas y rencores y decidirnos a aprender a amar, aunque sea como los niños cuando empiezan a caminar.

Navidad es un momento muy propicio para examinar qué es lo que alberga nuestro corazón. Ciertamente, el amor y el odio no pueden convivir juntos puesto que se anulan mutuamente. La mayoría de personas podemos identificar fácilmente lo que pertenece al amor y lo que no.

En esta Navidad, echémosle una mirada a nuestro corazón y limpiemos nuestro pesebre interior de todo lo que impide que el amor se manifieste y florezca, para que Jesús pueda nacer en nuestro corazón. Despreocupémonos de las cosas exteriores y ofrezcámosle a Dios un lugar bonito y lleno de amor para que su Hijo Jesús, pueda nacer en paz y en armonía.

Hagamos de esta Navidad una verdadera celebración del amor. Celebremos a Dios Padre porque por su gran amor para con nosotros nos dio a su propio hijo. Celebremos al Hijo que por puro amor se ofreció como victima por nosotros, dejándonos la lección de amor más grande que la humanidad jamás haya conocido. Celebremos al Espíritu Santo que nos inspira y nos sopla al oído el mensaje divino del amor.

Que la celebración de la Navidad sea una auténtica celebración del Amor. ¡Feliz Navidad!.