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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Pueblo de Dios aquí y ahora: aspiraciones desafíos y promesas

Texto: Padre Guillermo Campuzano, C.M.

“Yo Estaré siempre con ustedes…”

Los cristianos peregrinamos enraizados en la fuerza de las promesas del Señor y en la asistencia de su Espíritu. Desde esta “presencia de Dios en nuestros pasos” los cristianos de hoy somos llamados a llevar a cabo la misión confiada por Él a su Iglesia. (Cfr. Marcos 3:14ss).

Vigilancia permanente

Nuestra primera misión es la contemplación vigilante de nuestra vida y de la sociedad en que vivimos desde la perspectiva del Evangelio. Al escuchar "lo que el Espíritu dice a las Iglesias" (Apocalipsis 2:7), sentimos el deber de hacer un sereno discernimiento sobre las diversas circunstancias de nuestro mundo y de la Iglesia misma.

Sabemos que la vida urbana consiste en una red inmensa de conexiones que a veces nos abruma. Al mismo tiempo, aquí en la gran ciudad, la vida es compleja por las diversas clases sociales a las que la pastoral de la Iglesia está llamada a atender sin discriminación, cuidando de manera prioritaria a quienes se encuentran en situación de gran pobreza, soledad o marginación como es el caso de tantos inmigrantes.

Somos conscientes de que vivimos en una sociedad con profundas rupturas. Sin satanizar la historia y la cultura de hoy, pero lanzando una mirada crítica sobre ellas, puedo decir que estos son algunos de los signos de lo que está pasando en nuestro mundo:

  • El vacío de interioridad
  • Las relaciones rotas a todo nivel El anhelo de tener cosas sólo por tenerlas
  • La degradación de la justicia
  • La indiferencia y evitación de los que están heridos que están en el camino y en las orillas de nuestra sociedad, incluidas las terribles heridas del medio ambiente de las que casi nadie quiere hacerse responsable.
  • La pobreza como una forma concreta de violación de los derechos humanos
  • La propiedad privada como un derecho limitado y tantas veces exclusivo de una minoría.
  • Individualismo –hedonismo– minimalismo tres maneras de vivir contrarias al evangelio y que se van convirtiendo en las formas ideales de vida inclusive para quienes emigramos del sur hacia el norte en busca de una vida más humana.

Estos signos de los tiempos son el canal a través del cual Dios está hablándonos hoy. Esta realidad en la que vivimos, con sus problemas acuciantes, ha de suscitar la sensibilidad de todos/as en la Iglesia pero especialmente de los agentes de pastoral. (Cfr. Gaudium et Spes, 4)

¿A qué estamos llamados hoy como Cristianos Hispanos en el corazón de esta arquidiócesis?

1. La compasión con todos/as los que están heridos en nuestro camino:

La Iglesia (todos nosotros como Pueblo de Dios) tiene una gran oportunidad de ser madre compasiva de frente al drama de tantos hermanos y hermanas nuestros que se sienten oprimidos por las circunstancias diarias de la vida. Seguir a Jesús hoy significa abrazar el don de la compasión y reconocer que todo ministerio en la Iglesia debe pasar por la fuerza de este valor central del Reino de Dios.

2. Muchos rostros, un solo corazón

La compleja realidad en que vivimos, marcada por la pluralidad hace necesario fomentar y consolidar la comunión, de modo que los fieles se sientan llamados con mayor intensidad hacia la vida comunitaria, haciendo que la Iglesia sea "la casa y la escuela de la comunión" (Novo Millennio Inuente, 43)

Todos los diversos grupos sociales y culturales que viven dentro de la arquidiócesis forjan el rostro de la Iglesia y constituyen un continuo desafío para la tarea pastoral. En medio de esta diversidad enfrentamos el desafío de la unidad y de la comunión en el Espíritu de la oración de Jesús: que todos sean uno como tú y yo somos uno (Juan 17). Los católicos hispanos dentro de la arquidiócesis estamos creciendo significativamente en número. Sin duda que con este crecimiento cuantitativo crecen también nuestros desafíos y nuestras responsabilidades. Estamos llamados hoy a aportar de una manera audaz y creativa a esta unidad que constituye una de las notas características de la eclesialidad cristiana.