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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Regresa a casa, Católico Bajo este título la Arquidiócesis de Chicago lanzará una campaña que abre los brazos a todo católico que se ha alejado de la Iglesia y desea retornar a ella.

Texto: Clemente Nicado

Unos regresan luego de sufrir un golpe en su vida, como sobrevivir a un aparatoso accidente automovilístico. Otros vuelven en busca de la luz de la esperanza que ha sido apagada por el desamor, la violencia doméstica u otra razón tormentosa.

Muchos provienen de una familia fervientemente católica, e incluso fueron bautizados en su niñez, pero nunca más se acercaron a una parroquia. Existen aquellos que, tras abrazarse a su fe original, han visitado otros templos no católicos, hasta que miraron a sus raíces y sintieron la necesidad de tocar las puertas de Jesús.

Hay quienes han sido presa de la confusión o se echaron encima una carga tan pesada de pecados que prefirieron por años mantenerse al margen de su Iglesia. Otros se alejaron por temor, dejadez, coraje, las atribulaciones de la vida cotidiana o una razón que a veces ni ellos mismos pueden explicar con exactitud. No importa la causa, todos son bienvenidos a la Iglesia católica.

El programa “Regresa a casa, católico”, una iniciativa que impulsa el Departamento de Evangelización de la Arquidiócesis de Chicago, es una oportunidad que todo católico alejado de su fe -ya sean santos o pecadores- no debe desperdiciar.

Es la oportunidad de hallar el perdón que no encuentras en otra parte, de vivir la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte, de encontrar esperanza en un mundo confuso. Es la iglesia donde hallas la brújula de valores que da dirección y propósito a su vida.

Los testimonios aparecidos en esta edición provienen de personas diferentes con una vivencia en común: todas fueron al encuentro –o reencuentro– de Jesús en busca de una tranquilidad espiritual. Y el Señor se encontró con ellos.

  • Estábamos equivocados de Iglesia

    Mi esposo y yo estábamos equivocados de Iglesia. Íbamos a una luterana y también a una católica, Santa Inés de Bohemia. La confusión vino porque, aparentemente, casi todo era igual en cuanto a la forma: el bautizo, la ostia, el Miércoles de Ceniza y hasta había una virgen de Guadalupe de trasfondo. Si algo levantó alguna sospecha en mí fue cuando consagraban la sangre de Cristo. Simplemente aludían a “Dios”, pero nunca mencionaban la Iglesia de Roma ni al Papa. Un día vi en la TV que había iglesias luteranas que se hacían pasar por católica y entonces me di cuenta de la equivocación. Después de aquello vino una etapa de confusión. Desde niña soy católica. Hice mi primera comunión en México, pero algunos sacramentos, como la Confirmación, los hice en la otra Iglesia. Ahora estoy estudiando otra vez para hacer la Confirmación en la Iglesia católica. No critico a nadie por ir a una u otra Iglesia. Cada cual es libre de practicar la religión que quiera. Incluso, yo tengo cinco hermanas que practican otra religión, pero mi fe es católica. Regresar a Santa Inés de Bohemia, a la Iglesia católica, fue como regresar a casa.

    Lourdes Martínez
    Santa Inés de Bohemia, Chicago

  • ¿Por qué tienen una fe tan fuerte?

    Estuve por 12 años en el budismo y mediante la meditación, sentí que Dios me estaba llamando, percibí su presencia. Hablé con el monje budista y me dijo que si entendía que iba a crecer espiritualmente, que me fuera. Yo fui católica por mucho tiempo, pero nopracticante. Cuando estudiaba en la Universidad Purdue, de Indiana, un profesor de religión explicó en qué consistía el budismo y me interesó. Me involucré tanto en esta religión que fui hasta Corea (del Sur). Pero en un momento de meditación, empecé a comunicarme con Jesús y me trasladé desde Mundelein, donde vivo, hasta Waukegan para ir a Holy Trinity. (La parroquia) estaba llena y cuando entré “¡Dios mío, qué bonito fue ver a tantas personas entregadas a la misa! Nunca olvidaré ese día. Me fascinó su entrega a Dios en oración. Me dije: quiero venir más aquí y saber por qué estas personas tienen una fe tan fuerte. Me involucré a tal grado, que hoy dirijo el ministerio de violencia doméstica. Hay que ver cómo la fe está impregnada en estas chicas que son víctimas (de este mal). Hoy tengo una maestría en trabajo social y tengo mi negocio privado de terapeuta, en Waukegan. Vivo feliz. Dios me abrió el camino.

    Teresa Reyes
    Holy Trinity, Waukegan

  • He vuelto a mi punto de partida

    Soy salvadoreño. Yo podría decir que nací en una Iglesia Católica. Cuando era pequeño, una persona convenció a mi madre para que cambiara de religión, a los mormones. Yo cambié con ella. En 1981 emigré a Chicago y me involucré con los mormones por siete años. Luego no visité ninguna iglesia hasta 1995, cuando comencé a asistir a Santa Inés de Bohemia y, paralelamente, a Nuestra Señora de la Merced. Me fue gustando, pero asistía por asistir. Nada de leer la Biblia. En el 2001 vino la separación con mi esposa. Comencé a asistir también a una Iglesia protestante. Dos años después conocí a un sacerdote colombiano que me ayudó a adentrarme en la religión católica. Fui alejándome de la Iglesia protestante. En el 2005 sufrí un accidente que me cambió la perspectiva de ver la vida. Quería estar más cerca de Dios. Para entonces era un creyente activo de la iglesia de la Merced. En la forma espiritual, la Iglesia Católica ha sido lo mejor que he encontrado. Me leo la Biblia, soy ministro de los enfermos, ministro de comunión, proclamador y ujier. La Iglesia (católica) para mí es alabar a Dios, volver a mi punto de partida. Sin ella estoy perdido. Quiero ser un laico y emplear mi tiempo libre en ayudar a la comunidad.

    Pablo Sorto
    Nuestra Señora de la Merced, Chicago

  • !Dios es grande!

    Mi esposo (de origen mexicano) tuvo un accidente automovilístico que cambió la vida de los dos. Salió grave y rezamos mucho a San Lázaro para que sobreviviera. Él me dijo que en su convalecencia vio a San Lázaro y le pidió estar en este mundo, seguir vivo, junto a su familia. Tenemos un bebé de cinco meses, un niño de 5 y otro de 2. El accidente ocurrió hace aproximadamente seis meses, cuando yo estaba recién parida. Casi enloquezco con esta situación. Fui a un terapeuta y a un psicólogo, pero nada mejoraba mi estado de ánimo hasta que vine a una misa en Santa Inés de Bohemia y comencé a orar. Eso fue lo que me alivió, orar. Aunque ese día llegaba enojada, la oración me lo quitaba. Dije, este es mi camino. Durante el accidente, mi esposo sufrió daños severos en la espalda, en el cuello, la cabeza... Hoy está bastante bien. Este milagro hizo que nuestra vida cambiara radicalmente. Yo ya no fumo, él no toma bebidas alcohólicas. Ya no peleamos como antes. Ambos estamos incorporados al programa RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos) de la parroquia, venimos a misa cada 8 días y celebraré los tres sacramentos. A pesar de no entender todo en español, me ha ayudado...Me ha salvado a mis 20 años. ¡Dios es grande!

    Jennifer Oharrow
    Santa Inés de Bohemia, Chicago

  • Ya no siento ‘dolencia’ en el corazón

    Yo iba a una iglesia católica en Logan Square y mi esposo me decía muchas cosas por ese motivo. Cuando llegaba a casa me golpeaba. Por esa situación me alejé de la Iglesia. Al final, todo fue en vano porque no pudo salvarse el matrimonio. Vino el divorcio y de este rompimiento mi esposo quedó con la custodia de mi hijo, un adolescente. Aún vive con él. Mis otras tres hijas son mayores de edad, viven bien aquí en Chicago. Yo no pude soportar ese golpe en la vida y comencé a tomar alcohol. Incluso quería suicidarme. Me fui a Texas para ver si rehacía mi vida por allá. Tampoco pude. Veía que era injusto todo lo que me estaba ocurriendo. Regresé a Chicago. Los suegros de una de mis hijas eran muy católicos y me pidieron que fuera a la iglesia de St. Mary of Celle. Llegué llorando. Le pedí a Jesús que me ayudara. El diácono de la Iglesia y otros feligreses me invitaron a un cursillo de Cristiandad. Me he sentido mejor, estoy muy contenta. (Jesús) me trajo de tan lejos, como si me hubiera llamado de un sueño. Ya no siento angustia ni ‘dolencia’ en el corazón. Cristo me ha ayudado.

    Julieta Enríquez
    St. Mary of Celle, Berwyn

  • Busqué a Dios de otra manera

    Soy de Veracruz, México, de una familia católica por tradición, pero no había practicado la religión. A la edad de 3 años, mis padres me llevaron a una Iglesia pentecostal y cuando yo tenía 20 años, ellos se casaron por la Iglesia Católica. Mi madre, sin embargo, nunca se perdió un festejo católico. En 1996 emigré a Estados Unidos y dos años después conocí a quien es hoy mi esposa, de una familia muy católica. Por ella conocí el programa RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos). Aquí comprendí qué significa ser católico. En lo personal ha sido un cambio muy drástico. Para bien. Empecé a buscar a Dios de otra manera. Antes de venir a la Iglesia, cuando no se me daba algo, culpaba injustamente a Dios o a los demás. Nunca el problema era mío. Estando en la Iglesia comprendí que yo era parte del problema. En mi juventud tomaba, e incluso llegué a fumar mariguana. Me di cuenta que debía de cambiar primero yo, para que Dios pudiera ayudarme. Recuerdo que un día fui a un retiro y en un momento de profunda reflexión, llegué a un encuentro con Jesús. Entonces pude definir claramente la frontera entre el Luis que era antes y el que soy hoy, este padre de familia, de 36 años, con dos hijos lindos y otro por llegar.

    Luis Cruz
    Santa Inés de Bohemia, Chicago