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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Vengan a mí

Juan Carlos Farias

Oficina para la Catequesis

En la presentación principal del día sábado 17 de octubre en el Festival de fe, el padre Guillermo Campusano nos presentó en su charla, “Pueblo de Dios aquí y ahora: aspiraciones, desafíos, promesas”, los grandes desafíos que enfrentamos como católicos. Uno de ellos es la necesidad de aceptar los momentos de intimidad personal y soledad como tiempos privilegiados en que Dios se manifiesta más plenamente. A veces queremos llenar nuestras vidas con múltiples actividades y cosas que no nos dejan tiempo para pensar en nosotros mismos, así como para analizar las metas que nos hemos propuesto en nuestro día a día.

Los retiros espirituales son espacios y momentos de encuentro con Dios y con uno mismo los cuales se deben privilegiar en el caminar de todo cristiano. Durante el retiro espiritual, se disponen momentos claves de silencio y oración para analizar las fuerzas invertidas en el camino y en el cómo renovar estas para continuar. En la tarea evangelizadora de la Iglesia, sin lugar a dudas que los catequistas han ocupado una tarea clave en el anuncio del evangelio y en la enseñanza de las verdades de nuestra fe. Ellos al igual que cualquier otro católico tienen la necesidad de tener estos espacios y momentos de encuentro con el Todopoderoso, Señor y dador de vida.

La necesidad de crear espacios de oración y retiro son parte de la identidad del discipulado de Jesús. En el evangelio de San Marcos encontramos un pasaje que nos narra como Jesús después de que sus discípulos regresaban de una actividad misionera los reúne y les pide que salgan a un lugar apartado para descansar un poco (Mc 6: 31). Evidentemente, que el desgaste físico, mental y espiritual que conlleva la actividad evangelizadora es notable y es por ello que Jesús pide a sus seguidores apartarse a lugares solitarios. Jesús mismo siente esa necesidad de espacios de soledad y reflexión después de haber hecho milagros o enseñado, ese es el testimonio que los evangelistas nos indican, de que Jesús se retiraba a lugares tranquilos en soledad (Mc 1: 35; 6: 46; Mt 14: 23; 26: 11; Lc 4: 1-2; 9: 28; 22: 39)

La invitación que Jesús hace a sus ministros es constante y lo repite en un pasaje que nos ha servido de tema para nuestro retiro de adviento 2009 “VENGAN A MI los que se sientan cansados y agobiados por que yo los aliviar” (Mt 11: 28) Esta invitación es para todos los que en algún momento de nuestro caminar nos sentimos estresados o no poder más por el sometimiento a las cosas temporales e inestables como lo pueden ser la posesión de un bien material, las múltiples preocupaciones de nuestro diario vivir, o el mismo ajetreo de la actividad constante que agotan nuestras energías. Esta invitación es también para aquellos que sienten tristeza por la pérdida de algo o alguien y que en medio de este sentimiento de pérdida siente su alma afligida. La invitación es a depositar en El todas esas tristezas, preocupaciones y aflicciones y cargar con su yugo y aprender de El que es manso y humilde de corazón.

Recuerdo que en el año 1990 participe en unos ejercicios espirituales ignacianos y el predicador nos hizo referencia al pasaje de Mateo 11: 28 y para ilustrar un poco el tema nos contó la siguiente historia:

Un joven había decidido ingresar a la vida monástica. Su entusiasmo y pasión por lo que los monjes hacia en el monasterio lo consideraba muy heroico y santo que no quiso perder más tiempo para entregar su vida completa a ello. Después de algunos meses de haber vivido en el monasterio su entusiasmo y entrega comenzaron a decaer a tal punto que decidió retirarse pues sentía que los trabajos que los monjes le ponían hacer eran muy humillantes y duros, además que se dormía poco pues se tenía que levantar muy temprano de madrugada a orar. No queriendo herir los sentimientos de los monjes decidió fugarse en la noche sin que nadie se diera cuenta, así no tendría que dar ninguna explicación. Una noche mientras dormían los monjes y al asegurarse de que todas las luces estaban apagadas, tomo sus pocas cosas y las envolvió en una funda de almohada. Al acercarse al muro del monasterio, lanzó sus cosas sobre el muro y cuando se disponía a subir escuchó la voz de alguien que le dijo ¿por qué huyes? Debido a que estaba muy oscuro y no veía quien le hablaba, el joven contesta que él ya no se encontraba contento con la vida que llevaba en el monasterio y que los monjes no tenían consideración con él al ponerle trabajos duros y humillantes como lavar los baños, limpiar los pisos con jabón y entre otras muchas cosas.

La persona que le hablaba al joven se aproximó y le dijo: “antes que te vayas te quiero pedir un favor, quiero pedirte que te comas este pan”. El joven tomó el pan y al tocarlo lo sintió muy duro y exclamó: “Este pan esta muy duro y no hay alguien que siquiera pueda comerlo.” La persona lo toma de las manos del joven y lo mete en uno de sus costados, después de unos instantes lo saca y se lo ofrece al joven nuevamente. Este al tocarlo lo sintió un poco mojado pero lo tomó y se lo llevó a la boca. Al degustarlo lo sintió tan exquisito que en un instante lo consumió en su totalidad. El joven disfruto tanto del pan que pidió más, entonces la persona anónima le dijo: “Tú te quejas de todo lo que té pasa en la vida y piensas que tú eres el único al que se le complica la existencia. Yo te he dado un poco de lo que yo viví en mis momentos de mayor angustia. Cuando tu tengas momentos difíciles y quieras tirar la toalla, te invito a leer los pasajes de mi pasión, muerte y resurrección. Ellos te ayudarán a seguir en tu camino y renovar tus fuerzas.”

La invitación de Jesús está abierta a venir a Él, todos aquellos que nos sintamos cansados y agobiados pues Él nos aliviará.