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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Un cambio de perspectiva para vivir el Día de Acción de Gracias

Valentín Araya-Mesén

Director Asociado, Ministerios para la Familia Hispana

Un día recibí un correo electrónico que entre otras cosas, decía: “Espero que te encuentres muy bien a pesar de la lluvia que tenemos el día de hoy”. Otro día saludé a alguien y se me ocurrió decirle: “Que bonito está el día de hoy”. Ella me contestó: sí, si no fuera por la lluvia...

Me quedé pensando... Bueno y... “¿Qué de malo tiene la lluvia? ¿Por qué la lluvia hace que algunas personas califiquen de feo un día maravilloso? ¿Acaso la lluvia no es necesaria para disfrutar del aroma y colorido de las flores; de lo verde de los prados, las plantas y los árboles; de la vida de los insectos, aves y animales; de las frutas y verduras que consumimos a diario? ¿Acaso sus oídos no disfrutan de la música que hace la lluvia en las hojas de los árboles o en los techos de sus casas? ¿Acaso nunca han disfrutado lo rico que se siente caminar bajo la lluvia sin paraguas?

Y lo mismo que sucede con la lluvia, sucede con la nieve y con otras muchas cosas. Todavía recuerdo con asombro aquel primer invierno del año 1992, mi primer invierno en Chicago. ¡Cómo me gustaba ver nevar! ¡Cómo me gustaba ver los copos de nieve bailar en el aire y juguetear entre sí antes de acariciar la tierra! ¡Cómo me gustaba sentir su frío y admirar los gruesos tapetes del fino elemento que se acumulaban en el suelo! Mis ojos tendían a abrirse más y más para no perder esa maravilla de la naturaleza. Recuerdo que me quedaba absorto al pie de mi ventana mirando nevar. Durante ese primer año en Chicago, mis sentidos se saturaron de novedad.

Y de aquel invierno siguió otro, y otro... que ya no eran tan novedosos. Y de pronto me di cuenta que ya no quería que llegara el invierno. Ya se había convertido en una rutina fría y pesada como el hielo. Ahora, cuando miraba nevar sólo pensaba en las horas de manejo yendo y viniendo de mi trabajo; en tener que tomar una pala al final de día, para quitar la nieve y poder salir de mi casa; en las ropas y los abrigos gruesos que tenía que usar para no sentir el frío.

Y aún así, mis hijos, que miraban las cosas desde otra perspectiva, me esperaban con ansias para que saliera con ellos a jugar en la nieve, a hacer angelitos o formar al hombre de la nieve, con dos pequeñas piedras como ojos, una zanahoria como nariz, dos pequeñas ramas como manos y una ilógica bufanda en su cuello.

Y es que Dios no hace cosas feas o bonitas. “Vio Dios cuanto había creado, y todo estaba muy bien” (Génesis1:31). Él hace sólo cosas maravillosas para sus hijos. Los juicios y la perspectiva del observador es lo que hace que las cosas sean juzgadas como feas o bonitas. Ese juicio en la mayoría de los casos implica también un ¿por qué? ¿Por qué este día y no otro? Y ese juicio se convierte en una queja a nuestro Creador, un juicio contra Dios mismo.

En este mes de noviembre, mes en que celebramos el día de Acción de Gracias, sería bueno, dejar de juzgar la creación divina y maravillosa de Dios, cambiar de perspectiva y dejarnos acariciar por las maravillas divinas. Un cambio de perspectiva con cero juicios, dejándonos empapar de las cosas buenas que obtenemos de nuestro trabajo, de nuestra familia, de nuestro esposo, de nuestra esposa, de nuestra salud, de nuestra casa, de nuestro carro, del día que Dios nos permite vivir, del alimento en nuestra mesa, de nuestras amistades y personas que comparten con nosotros, etc. nos ayudará a celebrar el día de Acción de Gracias con un corazón rebozante de agradecimiento por todas las cosas maravillosas y buenas que Dios hace a diario por nosotros. En este día de Acción de Gracias, vuélvete a Dios agradecido y Dios agradecido agradecerá tu agradecimiento.

¡Que tengas un excelente día de Acción de Gracias!