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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

¿Quieres salvarte? Sé el último...

Padre Claudio Díaz Jr.

Director Oficina para Católicos Hispanos

¡El Reino de Dios nos desafía! Nos llaman a cambiar el mundo y el orden secular de las cosas y de las personas. Vivimos en una cultura de muerte donde se promueve la negación de valores humanos fundamentales. En el aborto damos muerte a la vida cuando es un “inconveniente”. Damos muerte a la digna vejez con cirugías plásticas. Damos muerte al emigrante con actitudes hostigantes y soluciones draconianas. El resultado es la creación de una inmortalidad ilusoria “mientras se viva aquí y en el momento”. El Reino de Dios nos desafía.

Nos llama a cambiar las estructuras, a desafiar esta cultura de negación de lo que es verdadero, universal y eterno. Es así como la autoridad, basada en las enseñazas de los evangelios, sustituye al poder terrenal y donde la vida se atesora desde el principio hasta el final...

Jesús nunca termina de sorprendernos. Fiel a su divinidad por su relación con el Padre, al igual que el Padre, no cesa de sorprendernos. En la escrituras cada vez que pensamos que podemos definir o predecir a Jesús, él se da la media vuelta presentando algo nuevo y aun así fiel a su enseñanza. Jesús selecciona a un niño como modelo de discipulado. Jesús habla en público con mujeres, elevando su condición de ciudadanas de segunda categoría, tratándolas con dignidad e igualdad. En varias parábolas describe cómo los primeros serán últimos, los últimos serán primeros, cómo los que llegaron a trabajar a la viña durante la tarde, recibirán el mismo pago que los que llegaron temprano.

¿Cuál es el precio para aquellos que son cristianos “desde la cuna” y perseveran en las enseñanzas del evangelio? ¡Vida eterna! ¿Cuál es la recompensa para alguien que descubre la misericordia de Dios como adulto y se mantiene fiel de toda su vida? ¡Vida eterna! Y ¿Cuál es el don eterno que recibe una persona quien en su vejez descubre y acepta a Jesús como su redentor y salvador personal? ¡Vida eterna! Inclusive aquel pecador que vive una vida sumergida en el pecado y se arrepiente al final de su vida mortal recibe el mismo pago... ¡Vida eterna! Todos reciben lo mismo porque todos son hijos de Dios. Cristo pagó con su sangre derramada en la cruz por todos nuestros pecados, por toda la humanidad. Se convirtió en el último al recibir muerte de cruz y nos llama a ser el último, a ser como los pequeños.

Los últimos eran los primeros; los hambrientos serán saciados, al “perder” tu vida por otros la salvarás y el primero será el servidor de los demás. Así pues la grandeza consiste en el humilde servicio. El estar disponible para asistir en las necesidades de los demás siempre nos hace ser los primeros...

Las enseñanzas cristianas no son una fórmula para el éxito a los ojos del mundo secular. Particularmente en una sociedad que promueve el individualismo, hedonismo y el ser el número uno. Jesús no estaba demarcado ni limitado por las convenciones seculares. El rechaza la posibilidad de ser un icono político, una mera figura de autoritarismo, un Mesías con un matiz socio-político. El se convierte en el servidor de servidores: el sanó a los enfermos, alimentó a los hambrientos, enseñó al pueblo, les presentó grandes proezas y milagros, les dio esperanza y una nueva visión del Reino de Dios. Él sirvió hasta la cruz. De esa manera fungió, entre otras cosas, como modelo para nosotros, llamándonos a servir, a “ser por otros” y a compartir lo que tenemos con los demás. Desde la cruz el se convirtió en un niño, desde la cruz se convirtió en un servidor y en el último: sencillo, vulnerable, abandonado en los brazos del Padre.

Esta año llevaremos a cabo el Festival de la fe en la arquidiócesis de Chicago. Durante dos días reflexionaremos nuevamente en las enseñanzas de Jesús con liturgias, presentaciones, charlas, actividades, exhibiciones y demás. Será una oportunidad para nosotros y para toda la familia de reafirmar nuestra identidad como católicos. Se nos presenta un espacio para poder alimentar nuestra fe. La fe que nos permite ser niños ante los ojos de Dios, que nos permite ser los últimos al servicio de nuestras hermanas y hermanos.

Cada vez que una madre enseña a sus hijos a rezar, se convierte en servidora. Cuando un esposo trata a su esposa con dignidad y respeto, él está al servicio de ella. Cuando abogamos por los derechos de los demás o damos voz a quienes no la tienen, somos servidores. Cada vez que damos de lo que tenenos a otros en necesidad, estamos al servicio del mundo. Es precisamente esto lo que significa ser niño y servidor... Es esto lo que significa ser el primero... siendo el último.