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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

La autoridad interna en la persona

Valentín Araya-Mesén

Director Asociado, Ministerios para la Familia Hispana

Hoy quiero escribir un poco acerca de la autoridad interna, como un medio eficaz, no sólo para formar relaciones saludables con tu pareja y con tus hijos, sino también para alcanzar un grado más profundo de felicidad personal. ¿A qué me refiero con ‘autoridad interna?’. Me explico.

Autoridad exterior. Hay dos tipos de autoridad. La primera es la autoridad que una persona adquiere como parte inherente de una posición de trabajo. En este sentido, se dice que una de las personas con más autoridad y poder de un país es el Presidente de ese país. La autoridad y poder son dadas a esa persona como parte de la posición que mantiene. En el momento en que esa persona deja esa posición, también deja su autoridad y poder, para convertirse en un ser humano, hasta cierto punto, como cualquier otro.

Hay personas que dedican mucho esfuerzo y energía en obtener la autoridad exterior. Puede que toda su vida gire alrededor de conquistar posiciones políticas, sociales, económicas o de mando y autoridad. Y es que esta clase de autoridad es muy necesaria en el buen funcionamiento y orden de la sociedad. Aún así, es una autoridad temporal y por lo tanto, no es garantía de felicidad y realización personal.

La autoridad interna. La autoridad interna, en cambio, brota desde lo más profundo de la persona. Esa autoridad no depende de una posición. Es parte de la persona misma, es permanente y es garantía de realización y felicidad personal. En este sentido se dice que una de las personas que ha tenido más autoridad interna, ha sido Jesús. Jesús nunca mantuvo posiciones sociales, económicas o políticas. Su autoridad brotaba desde dentro, como una participación de la misma autoridad y poder de su Padre.

Los evangelios nos enseñan que Jesús hablaba con autoridad. No en el sentido de exigir cosas de las personas que le rodeaban, sino porque su mensaje era un mensaje transformador y cautivador. Jesús tenía autoridad para expulsar espíritus, tenía el poder y la autoridad interna para sanar y mandar sobre la naturaleza. Recordemos, por ejemplo, el incidente con la higuera (Mt 21:18-22) y el momento en el que Jesús calma la tempestad (Mt 8:23-27). En general, los evangelios están llenos de ejemplos que ilustran la autoridad de Jesús.

La autoridad interna, un medio de disciplina. Jesús tenía semejante autoridad interna no sólo como participación de la autoridad de su Padre, sino porque en Jesús había una coherencia absoluta entre lo que predicaba y vivía. La coherencia es, quizás, una de las dimensiones del mensaje de Jesús que más cuesta llevar a la práctica. Aún así, es la que hace brotar la autoridad desde lo más profundo de nuestro ser.

Parece que hay programaciones internas que llevan a algunos seres humanos a intentar cambiar a otros, para que sean más como “yo”, y entonces poder convivir y aceptarlos más fácilmente. Esa mentalidad deja estancada a la persona, negándose a la posibilidad de crecer y dejándola muy vulnerable al conflicto y a la infelicidad. Hay necesidad entonces de cambiar el foco de atención hacia nuestro interior y empezar a enfocar la congruencia interna entre lo que decimos y hacemos, a ejemplo de Jesús. Eso nos iría dando poco a poco autoridad interna, haciendo crecer nuestro ser y mejorando nuestras relaciones interpersonales, no porque los demás han cambiado o tienen que cambiar, sino porque yo he cambiado.

Quizás algunas personas no logran resultados adecuados en la crianza y disciplina de sus hijos porque carecen de autoridad interna. Estas personas puede que exijan cosas de sus hijos que ellas mismas no practican. Y eso precisamente hace que su autoridad se manifieste como autoritativa y caprichosa, sin ningún sentido y valor para el hijo o hija, causando, al mismo tiempo, conflictos entre los padres y los hijos.

Gandhi. Termino con un ejemplo que nos ha dejado Gandhi. Una pareja llevó a su hijo con Gandhi para que le ayudara a persuadirlo de que no comiera dulces. Su hijo tenía complicaciones de salud y el doctor le había sugerido dejar los dulces como única alternativa para su sanación. La pareja lo había intentado muchas veces sin resultados. Gandhi pidió a la pareja que trajeran al niño en dos semanas. Aunque la pareja no lo entendió al momento, decidieron traer al niño en dos semanas. Gandhi se entrevistó con el niño menos de un minuto, y el niño dejó de comer dulces.

La pareja curiosa preguntó a Gandhi qué había hecho. Gandhi les respondió.”Bueno, lo único que hice fue decirle a su hijo que yo había dejado de comer dulces desde hacia dos semanas y que no volvería a comer dulces hasta que él se sanara y pudiera volver a comer dulces”.

En ese momento la pareja se dio cuenta de que ellos estaban ingiriendo dulces y postres frente a su hijo y que estaban pidiendo algo que ellos mismos no practicaban.

¿Estarías tú dispuesto o dispuesta a dejar de comer dulces por el bien de su hijo?