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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Stephanie Herrera: Se apagó una luz, pero quedó un modelo Una activa joven de la parroquia Monte Carmelo, que resultó otra víctima inocente de la absurda guerra de pandillas, dejó una huella imborrable en su generación y toda la gente que la rodeaba.

Texto: Clemente Nicado, Editor

Quienes la conocieron dicen de ella que era una joven extraordinaria en todos los sentidos, como estudiante, como amiga, con su familia.

A Stephanie Herrera, de 19 años, se le recordará como una persona feliz, carismática, inteligentísima, una líder comunitaria que hizo lo inimaginable para cambiar la mente de jóvenes de su generación. El padre Leandro Fossá, pastor de la parroquia Monte Carmelo, en Melrose Park, recuerda cuando Stephanie llegó al templo, cuando apenas tenía 15 años.

Vino de forma espontánea, sola, buscando ser voluntaria para cooperar con la comunidad en algo que fuese útil. Entonces vio a Yesenia García, organizadora de Proyectos de Acción de los Suburbios del Oeste (PASO), señaló.

“Fue un hecho que nos tomó por sorpresa a todos”, dijo Fossá en entrevista con Chicago Católico.

Herida por la pérdida de una persona que califica “fuera de lo común para los jóvenes de su edad”, García cuenta que desde entonces Stephanie mostró madera de líder y un gran compromiso por su comunidad y los jóvenes de su generación.

“Entonces le propusimos que se involucrara en la campaña de registro de votantes como una voluntaria, pero nos dimos cuenta pronto que tenía un liderazgo natural. Fue una líder de la campaña, aunque ella no estaba afectada porque era ciudadana estadounidense”, comentó.

De modo que Stephanie visitó muchas casas animando a la gente a votar y cuando se acabaron las elecciones, dijo que quería hacer algo más.

Una voz poderosa en Nuestra Voz

Terminado la lid en las urnas, la joven católica comenzó su lucha por lograr que sus compañeros de secundaria continuaran estudios universitarios, aunque no tuvieran documentos legales.

En torno a esta iniciativa fue creada Nuestra Voz, una organización juvenil que tuvo a Stephanie como primera presidenta.

“Ella estaba tratando de cambiar la mentalidad de muchos jóvenes que descartan ir a la Universidad por razones económicas o por su estatus migratorio. Ella nació aquí, era una ciudadana estadounidense, pero le dolía que sus compañeros, jóvenes como ella, no tuvieran la misma oportunidad”, dijo García. Un sueño irrenunciable de Stephanie era ser doctora. Según el padre Leandro, la inclinación por esta profesión fue reforzada por una enfermedad de su madre en la columna vertebral. Quería ayudar a su mamá, dijo.

Y no había ninguna duda que la ex alumna de la secundaria West Leydne podía lograrlo.

“Era brillante, muy inteligente. Sacaba puras A (el máximo) en sus estudios. Pero ella puso su inteligencia para ayudar a los demás. Siempre estaba lista para una próxima meta. Era muy activa”, dijo el párroco.

La joven no sólo promovió el Dream Act (Una propuesta de ley que daría estatus legal a cientos de miles de estudiantes universitarios indocumentados), sino también organizó talleres con personas con experiencia para orientar a sus compañeros.

Para mantener estos cursos que, entre otras cosas, explican cómo ir a la universidad, la feligrés reunió a su alrededor a un grupo de jóvenes con quienes vendía dulces para conseguir el dinero que les serviría de sostén a su iniciativa, como la compra de bolígrafos y papelería.

La versión de los hechos

Basado en fuentes policiales, el Chicago Tribune reportó que los hechos ocurrieron en la madrugada del 1° de agosto cuando Stephanie y siete amigos regresaban a su casa de una fiesta en una camioneta Lincoln Navigator color negro y se perdieron en la zona del West Side de Chicago.

Dentro iban los jóvenes entre 19 y 23 años de edad residentes en Melrose Park, Northlake, Lombard y Bensenville.

Según la fuente judicial, en declaración recogida por el periódico, en otro vehículo en dirección contraria, pasaba Shalimar Santiago, de 27 años, un reputado pandillero que manejaba por el vecindario, una hora después de que alguien había sido baleado desde una camioneta negra.

De acuerdo con la fuente, Santiago vio la camioneta, dio un giro en U y fue tras ella. De pronto, comenzó a golpear a la Lincoln con su minivan, provocando que se volcara y se proyectara contra un poste de alumbrado público. Hubo heridas de todo tipo. Fractura de vertebra, brazos dislocados, cortadoras, una muerte, Stephanie. Los investigadores policiales supieron de inmediato que los pandilleros se habían equivocado de blanco.

Es trágico caso de error de identidad, en el cual un grupo de jóvenes (inocentes) se convierten en víctimas de una pandilla con consecuencias mortales. En este caso, el arma fue una minivan, señala el Tribune, citando al oficial de policía que no reveló su nombre.

Santiago fue arrestado varias horas después del choque. Fue acusado con ocho delitos de asalto agravado y se le impuso una fianza de medio millón de dólares.

“La van a extrañar”

Stephanie se recordará como un modelo para los jóvenes. Era de los pocos jóvenes con ese carácter y espíritu que ponen en función de la gente. Los jóvenes necesitaban un modelo, por eso la van a extrañar, dijo el párroco Leandro.

“Era divertida, organizada. Sabía cómo ser un elemento de transformación. Cambió la mente de muchos muchachos. Fue una luz, por ejemplo, para aquellos adolescentes que le decían que querían casarse y no continuar los estudios.

Para Yesenia García, lejos de llorar por este duro golpe, hay que celebrar la vida de una indiscutible líder comunitaria.

“Es muy triste lo sucedido. A su corta edad, dejó un impacto enorme en su comunidad, una huella imperecedera. Fue una persona comprometida con los valores de la familia.

“Hay que celebrar su vida. Seguir su ejemplo. Fue una joven extraordinaria en su comunidad, como estudiante y como amiga, siempre sonreía, con una palabra de ánimo para sus compañeros. Le encantaba bailar, correr, hacer ejercicios y era una joven de gran corazón que en su afán de ser una doctora, trabajó como voluntaria en un asilo de anciano.

A juicio del padre Fossá, se recordará básicamente como un modelo para los jóvenes, como lo demostró la reacción de tristeza ante la noticia entre aquellos que tocó con su sonrisa, su carisma y su buen corazón”, resaltó.

“Era de los pocos jóvenes con ese carácter y espíritu que ponen en función de la gente”, indicó.

Fossá dijo que de esas personas que sabía exactamente lo que quería para su comunidad, creía en su fe e iba a ser una gran líder. García lo resume con este mensaje: “hay que seguir su ejemplo”, dijo.