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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Vicariato I: una ayuda que toca puertas y corazones Tras la graduación de 26 líderes provenientes de parroquias, el Vicariato I sigue adelante con la implementación de la pastoral migratoria.

Texto: Clemente Nicado, Editor

La historia de la Pastoral Migratoria en el Vicariato I está marcada por un caso que estremeció a Graciela Contreras, justo el primer año en que se hizo cargo del Ministerio Hispano en el condado de Lake de la Arquidiócesis de Chicago.

Su iniciación al ministerio hispano consistió en una llamada de ayuda para dos niños cuyos padres habían sido deportados ese mismo día y no tenían una familia que los recibiera al salir de la escuela.

“Los padres habían sido presa de una redada. Los niños estaban en la escuela y cuando llegan a casa, se encuentran sin sus padres, solos. Los vecinos entonces los llevan a la iglesia, porque no sabían qué hacer con ellos”, contó Contreras.Comenzó la movilización. Las llamadas a la Arquidiócesis. La idea de colocarlos en el DFS, el centro para menores abandonados o protegidos de la violencia doméstica. Ninguna solución le pareció adecuada. Había que hacer algo más por esa familia.

Fue entonces cuando Graciela llamó al Consulado General de México en Chicago y habló con el cónsul de Protección Joaquín Pastrana. Ya para entonces, el Congreso mexicano había aprobado la cooperación del Estado con la Iglesia, así que juntos enfrentaron el caso.

“Al final logramos reunificar la familia, pero esto nos enseñó que con el trabajo conjunto podemos resolver muchos de los problemas que enfrentan los inmigrantes.

La Pastoral Migratoria

En junio de 1997 se aprobó el Plan Pastoral Arquidiocesano para el Ministerio Hispano y, retomando la opción misionera que ya claramente había marcado el Plan Nacional en 1985, Graciela comenzó a implementar una pastoral migratoria, ayudada por el Consulado General de México en Chicago, a la que llamaron Red de Protección.

“Aquel caso reafirmó que hay muchos derechos que los inmigrantes no conocen. Por ejemplo, los inmigrantes, cualquier que sea su estatus judicial, pueden comunicarse con su cónsul y explicarle la situación y adquirir apoyo”, dijo Contreras.

En 1999 decidieron cambiar el nombre de este servicio dentro de las parroquias y al mismo programa se le denominó Ministerio de superación y justicia social. En la Arquidiócesis, los 6 Coordinadores del Ministerio Hispano que existían, uno en cada Vicariato, decidieron implementar este ministerio. Con el paso del tiempo, cerraron cuatro de estas seis oficinas y sólo quedó la del Vicariato I con este servicio.

Con el tiempo, se vio en la práctica que los problemas que enfrentan los inmigrantes son tantos que requería de un grupo de acción social más vigoroso y capacitado.

La avalancha de situaciones con los inmigrantes que enfrenta la Iglesia va desde falta de dinero para pagar la renta y la electricidad, violencia doméstica, acoso sexual en los trabajos, hasta cuestiones de deportación de padres indocumentados que dejan hijos a la deriva.

Así que bajo el manto de este ministerio, un grupo de feligreses de diferentes parroquias del Vicariato I tomaron un curso de formación para canalizar de forma efectiva toda la ayuda que puedan dar a los inmigrantes que la soliciten.

“La iglesia no puede con todo ni tiene jurisdicción para enfrentar todos los problemas. La idea del ministerio es conectarlos con servicios sociales ya disponibles en la comunidad”, explica Contreras.

Una de las misiones de este pequeño ejército de voluntarios consiste no sólo en darles a los inmigrantes toda la información posible para ayudarlos, sino también trabajar activamente en la movilización hacia causas que afectan a todos por igual, como es una reforma migratoria.

“Hemos hecho en los últimos días ocho vigilias frente a las oficinas de la congresista Melissa Bean (D- 8) y pronto en la de Mark Kirk (R-10). Queremos que ellos oigan a nuestra comunidad y luchen para alcanzar una reforma migratoria que tanto necesita este país”, afirmó Contreras.

Tomar liderazgo en este aspecto, no es un hecho de poca monta en una región vicarial donde un cuarto de millón de habitantes son de origen hispano y este segmento, como en todo el país, es el de más rápido crecimiento.

De modo que en el Vicariato I se trabaja de dos maneras. . La movilización por la causa de los inmigrantes y en darles los recursos imprescindibles para que puedan aprovechar la ayuda comunitaria.

“La idea no es darle el pescado a los emigrantes, sino enseñarles a pescar”, resume Contreras, quien atiende el ministerio hispano en 20 parroquias de su Vicariato.

Lo que dicen los voluntarios

Pero, ¿qué dicen los voluntarios que se graduaron y hoy participan con entusiasmo en el Ministerio Pastoral de superación y justicia social?

Josefina Segura afirma que el curso impartido que la convirtió en un agente o enlace de este ministerio le ha servido de mucho.

“He visto la necesidad (de ayuda) tan grande que hay en la comunidad. Muchos después que obtienen la Green Card (Tarjeta Verde o Residencia) se olvidan de los demás. No es justo. Hay que seguir ayudando”, dijo.

A su vez María Mancera, asegura que era una de esas personas que venía a la Iglesia y se iba.

“Me di cuenta que podía ser útil, por ejemplo, animando a las mujeres a realizarse exámenes para su salud”.

Segura es hoy una activa promotora del programa Examínate Comadre, que provee servicios de escaneo del seno de manera gratuita, sin pedir a cambio ninguna información sobre su estatus migratorio.

“Cuando hablo con las mujeres sobre el tema, hacen preguntas como: ¿es gratuito?, ¿piden seguro social? ¿cuánto van a cobrar?”, afirma.

Por su parte, María Santos Amador, otra de las primeras graduadas de este grupo, indica que antes del curso todas sabían de las necesidades, pero no tenían las conexiones necesarias para ayudar a la gente.

“No teníamos confianza. No sentíamos que íbamos a tener apoyo si comenzamos este proyecto. Pero después del curso, estamos confiadas y entusiasmadas con el trabajo que hacemos”, señaló.

A juicio de Santos, las necesidades de los inmigrantes son muchas. Problemas de salud, renta de vivienda, comida, lugar donde dormir, falta de empleos.

De hecho, todas las entrevistadas por Chicago Católico, no tenían empleos, excepto una de ellas que tenía un trabajo de medio tiempo en la parroquia Misión San Juan Diego.

“Hay muchos problemas también de orden psicológico, debido a la misma situación económica. Mucha gente parece que está a punto de volverse loca, de explotar”, dijo Santos.

Para María Aguirre esta iniciativa es muy buena “porque es un contacto directo con la gente y, una vez creada la confianza, uno puede enterarse de la necesidad y ayudar.

“Me encontré con una persona que no quería examinarse porque le debía dinero al hospital, poniendo en riesgo su salud”, comentó.

Aunque feliz de pasar el curso, las 26 personas que integran este primer grupo tienen el respaldo de la Oficina para Católicos Hispanos y también un respaldo total del Obispo George Rassas una figura clave en la conformación de esta iniciativa.

La retroalimentación

Tim Bell, director de Chicago Workers Collaborative, una agencia comunitaria que defiende los derechos de los trabajadores, valoró de muy positiva los pasos que están siguiendo en este Vicariato con los inmigrantes hispanos.

“Esto que he visto aquí, no lo he visto en otras partes (de Chicago). Es justamente lo que necesitamos: fortalecer el trabajo de base. Esta pastoral resulta un filtro para determinar con más exactitud dónde están los problemas de nuestra comunidad inmigrante”, dijo el activista.

Hemos visto, por ejemplo, un crecimiento de los problemas laborales en la comunidad. Gente que no le pagan por el trabajo realizado u otros que le pagan una miseria por trabajar hasta 80 horas a la semana, una especie de esclavitud moderna”, comentó.

“Sería bueno que esta experiencia se traslade a todo Chicago”, indicó.

Requiere de urgencia

Elena Segura, quien hoy está al frente de la nueva oficina de Inmigración, ha incorporado este ministerio del Vicariato I junto con varias parroquias en el sur de la Arquidiócesis como un programa piloto de la Campaña Católica para la Reforma Inmigratoria.

A juicio de Contreras, la experiencia positiva que se pone en práctica en su vicariato, es una clara señal de que la implementación del plan debe extenderse con urgencia hacia otras regiones de la Arquidiócesis.

Contreras también advierte que debe entenderse cómo lo van a realizar y señaló que el apoyo del párroco es clave en el desarrollo del programa en cada parroquia.

De la experiencia vivida, hay varios casos alentadores.

La propia Josefina Segura se tuvo que operar y al pasar a ser una desempleada, no querían pagarle una serie de prestaciones. Habló con Tim Bell, quien a su vez habló con el jefe de la inmigrante, y recibió el pago correspondiente.

“Hubo también un caso de acoso sexual en el trabajo a una joven. Nos quejamos al Departamento de Labor, investigaron y expulsaron al supervisor, tras comprobarse el hecho”, dijo Contreras.

Sin embargo, ha habido casos fuera del alcance de este entusiasta grupo.

“Hubo un secuestro en México y pidieron un millón de dólares para el rescate. La familia que está aquí vino a la Iglesia buscando ayuda. Lo que pudimos hacer fue orar por la víctima”, dijo la dirigente.

Le decimos a la gente que no somos abogados, ni lo sabemos todo ni tenemos todos los recursos para darles, pero sí podemos conectarlos con los servicios de la comunidad y, con la bendición de Dios, estaremos siempre dispuestos a ayudarlos a ver una luz en el camino.