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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

El Papa publica su tercera encíclica, pero, ¿qué quiere él de ti?

Texto: Nicholas Lund-Molfese, Colaborador

El 7 de julio, el Papa Benedicto XVI publicó su tercera carta encíclica, “Caritas en Veritate” (La caridad en la verdad) que versa sobre el desarrollo humano integral, con especial hincapié en el papel de la economía. Dirigido a “todas las personas de buena voluntad”, define a la doctrina social católica como el “anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad”. Y aún cuando pone una gran atención a la economía mundial y a las cuestiones políticas, la encíclica contiene un mandato para todos los cristianos a comprometerse con el bien común basados no sólo en creencias políticas, sino motivados por el amor hacia nuestros prójimos.

A los lectores que no sean ejecutivos de las empresas de la lista Fortune 500, presidentes de los bancos o capitanes de las finanzas mundiales, se les podría perdonar por preguntar, “¿qué quiere el Papa Benedicto de mí? Después de todo, yo no emití ningún tipo de hipoteca de alto riesgo (sub-prime), ni especulé sobre la subida o caída de instrumentos financieros complejos. ¿De qué manera puedo ser responsable por el estado de la economía?”

La respuesta corta: Todo cristiano es responsable de la promoción del bien común, de acuerdo a sus circunstancias. Como miembros de nuestra sociedad, ayudamos a determinar (y por tanto, tenemos la responsabilidad de) los valores morales que rigen nuestra cultura y economía. Los cinco puntos de acción que se presentan aquí han sido inspirados por la encíclica y se los ofrecemos para que reflexionen sobre ellos y desarrollen sus propias listas detalladas de “qué hacer”.

En primer lugar, estudien el Catecismo de la Iglesia Católica, lean la encíclica o revisen los enlaces de Internet que ofrece la página web de la Oficina de Paz y Justicia dirigidos a reflexionar sobre la encíclica. Estos materiales son útiles en la formación de una verdadera comprensión humana y cristiana del desarrollo humano. Como explica la encíclica, no existe ninguna contradicción entre las dos. De hecho, la evangelización y la promoción humana están vinculadas en su esencia.

Hay que reconocer que en la base de la sociedad se encuentra la familia natural constituida por un hombre y una mujer abiertos a la vida y, de manera permanente y exclusiva, comprometidos el uno con el otro. El desarrollo es una parte esencial del ser humano, un derecho humano, que no puede ser impuesto sobre las personas y las poblaciones de una manera que niegue su libertad. Consiste no sólo de prosperidad material, sino que debe incluir la verdad plena del florecimiento humano, que incluye aspectos morales y espirituales, como el suministro de protección jurídica a toda vida humana, así como la libertad religiosa. El subdesarrollo y la pobreza no son causados principalmente por la falta de bienes sino, fundamentalmente, por la falta de amor.

La segunda parte de este articulo será publicada en nuestra edición de septiembre