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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Cuando muere un bebé

Texto: Clemente Nicado, Editor

Imagínese que usted y su pareja esperen un bebé y que de pronto reciban la inesper rada noticia de que el infante no vive. Hay que remover el feto ¿Dejaría al hospital hacerse cargo de la sepultura o lo haría usted y su pareja?.

La bendita noticia llegó un día de enero de 2009. Ramiro y Erika Tello van a tener su primer hijo. Semanas después, el doctor les dice que sería varón. La joven pareja, con apenas un año de casados, deciden llamarlo Paul.

Luego vino la espera en medio de una emoción indescriptible, mirando el almanaque, haciendo planes, visitando el doctor. Fue en una de las visitas, justo en el quinto mes, que el destino le dio un golpe a su felicidad. El bebé yacía muerto en el vientre de Erika.

“Mi primera reacción al saberlo fue de incredulidad. No lo podía creer. No entendía cómo en un hospital, donde existe la tecnología no pudieron hacer nada por mi niño, sentí enojo”, dijo la joven. Pero luego, más calmada, comprendí que lo sucedido estaba más allá de todo eso, fue una voluntad de Dios, él tenía otros planes”, dijo la joven.

Heridos emocional y psicológicamente, Erika y Ramiro aseguran que encontraron un gran apoyo en las enfermeras, médicos y personal del hospital Resurecction Health Care, así como en el sacerdote.

“Fue muy lindo. Nos ayudaron mucho en lo espiritual. Muchas personas oraron por nosotros, gracias a Dios”, afirmó Erika.

Si bien, el apoyo fue como un bálsamo, a la pareja le resultaba difícil salir del estado de perplejidad por la pérdida inesperada.

“¿Y quién se hace cargo de la criatura, usted o el hospital?

En ese escenario, y luego de ser removido el feto fallecido en su vientre, la joven de origen mexicana y su esposo toman una decisión de la que muy pronto se arrepintieron.

“El personal del hospital nos preguntó qué queríamos hacer (con el feto), si ellos se harían cargo (para la sepultura) o si lo hacíamos nosotros. Estábamos perturbados, sufriendo mucho, tanto nosotros como nuestra familia y les dijimos que lo hicieran”, explicó.

Pero al día siguiente, la joven se refugió en la Biblia y cambió inmediatamente de decisión.

“Leí un pasaje bíblico donde decía que enterráramos a los nuestros con dignidad. Entonces llame a mi esposo para revertir nuestra decisión y darle sepultura a nuestro hijo”, comentó.

Lo primero que hicieron fue contactar al cementerio donde supuestamente depositarían los restos de su Paul y desde allí lo conectaron al diacono que coordina los servicios de Cementerios católicos.

El diácono se encargó de hacer los arreglos con el hospital para hacerle una sepultura formal. Paul fue enterrado en una caja blanca de apenas medio metro en una sección del cementerio.

De profunda fe católica, Ramiro y Erika, aseveran que la decisión fue imprescindible para cerrar un capítulo en sus vidas y acercarse más a Dios.

“Nos ha ayudado mucho a mí y a mi esposo. Tenemos un ángel en el cielo rezando por nosotros, abogando por nuestra alma”, dijo.

“Rezando el Rosario, la Virgencita (la Virgen María) nos dio consuelo. Nos pusimos en los pies de María, cuando caminaba al lado de su hijo Jesús y no podía hacer nada para evitar su crucifixión. Así fue como Dios lo quiso”, dijo esta maestra de preescolar.

Un entierro digno

Erica Laethem, una especialista en ética clínica para el Resurrection Health Care en Chicago, afirma que la doctrina y las prácticas católicas validan la dignidad humana del niño que muere en un aborto involuntario o que nace sin vida.

Puede que no siempre sea posible mantener los restos para su entierro, como suele ser el caso cuando una mujer tiene un aborto en el hogar en la etapa temprana del embarazo, de ser posible, se les debería dar una sepultura digna.

Desde el momento de la concepción, cada ser humano tiene la dignidad inherente al ser humano, dijo Laethem: "Como personas creadas a imagen y semejanza de Dios, tenemos una dignidad intrínseca. Somos criaturas de cuerpo-alma y el cuerpo comparte la dignidad de toda la persona”, dijo.

“Es importante tratar los restos mortales con el mayor respeto y, de acuerdo con esa dignidad, esos restos deben recibir un enterramiento respetuoso”.

Para asegurarse de que esto ocurra, dijo, los padres deben hablar con su médico antes del procedimiento, si el médico va a extraer los restos del cuerpo de la madre, para hacerle saber que les gustaría preservar los restos de su hijo.

Alentados a llorar a su ser querido

Afirmó que el reconocer que han perdido un hijo ayuda a los padres a llorarlo y, finalmente, a sanar.

“Animo a las parejas a llorar la muerte de su hijo o hija, a darle un nombre, a tener un funeral si lo desean y a enterrar sus restos de manera respetuosa”.

“Es muy importante reconocer que la vida estaba creciendo dentro del útero. Los alentamos a que confíen en Dios y que también tengan esperanza de que por su misericordia, verán de nuevo a su hijo o hija”.

“Debido a que Resurrection Health Care, es una institución católica, ningún bebé que haya sido abortado de manera espontánea o que haya nacido muerto es eliminado como residuos médicos, dijo.

“Si una mujer tiene un aborto involuntario o su bebé nace sin vida, siempre intentaremos preservar los restos del bebé, incluso si el aborto espontáneo ocurre en una fase temprana", agregó Laethem.

“Le informamos que tiene la oportunidad de organizar el entierro o la cremación, y si decide hacerlo, le ofrecemos facilitarle el certificado de defunción y hacer los arreglos para que los restos sean trasladados a una funeraria. Si la madre ha decidido no hacer esto, haremos los arreglos necesarios para que sean enterrados en una tumba anónima en un cementerio”.

Un ministerio privilegiado

Ese es un acuerdo que Cementerios Católicos tiene con los hospitales católicos de toda la arquidiócesis, dijo el diácono Glenn Tylutki, director de extensión de los cementerios. Los directores de las funerarias (algunos de manera voluntaria y otros bajo contrato con los hospitales) reciben los restos y los transportan a uno de los cementerios católicos designados para este fin.

El entierro de estos pequeños es una parte privilegiada del ministerio que los Cementerios Católicos extienden, como una visible señal de atención, preocupación y solidaridad a aquellos que han sufrido una pérdida personal, dijo Tylutki.

Este arreglo para darles entierro en uno de los cementerios católicos se ofrece a todos los hospitales católicos de la Arquidiócesis como parte integral de la misión que los Cementerios Católicos tienen por ser una de las extensiones de una acogedora comunidad de fe.

A su llegada al cementerio, se recitan oraciones y los restos son enterrados en una sección de los Santos Inocentes de los cementerios en una tumba común y anónima.

Sin embargo, los Cementerios Católicos también ofrecen opciones adicionales para las familias que han elegido enterrar a sus bebés de manera individual.

El entierro puede realizarse en una tumba junto a un miembro de la familia, siempre que haya espacio y el dueño del lote dé su consentimiento y aprobación por escrito.

O por un costo mínimo, una familia puede elegir una tumba dentro de la sección de los Santos Inocentes de cualquiera de los cementerios católicos, que luego les permitirá la oportunidad de recordar a su pequeño con una lápida. Como un presente a la familia, en todos estos casos los Cementerios Católicos renuncian a la acostumbrada cuota de apertura y clausura de la tumba.

“No importa si esa vida era visible únicamente a través de un microscopio o si se encontraba en una etapa más avanzada dentro del período de gestación, (esa vida) fue y seguirá siendo siempre un hijo de Dios y como tal merece el respeto de ser enterrado en tierra sagrada”, dijo Tylutki.

“La belleza de nuestra fe católica es la experiencia de que, verdaderamente, somos y nos convertimos en un cuerpo en Cristo. Por lo tanto, que atendamos siempre y renovemos a diario las palabras que nos dirigió Cristo... “Dejen que los más pequeños vengan a mí”.

Michelle Martin, Editora Asistente, CNW contribuyó a este artículo