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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote

Juan Carlos Farias

Oficina para la Catequesis

El pasado 19 de Junio con la solemnidad al Sagrado Corazón se ha iniciado en la Iglesia un año consagrado al sacerdocio. Esta consagración viene a razón de que el Papa Benedicto XVI quiere que la Iglesia ponga su mirada en la figura del sacerdote. Para ello, el Papa ha escogido y nombrará a San Juan María Bautista Vianney (1786-1859), mejor conocido como el Santo Cura de Ars, como el patrono de los Sacerdotes. De hecho, la Iglesia celebrará en este 2009 los 150 años de la muerte del Santo Cura de Ars, quien se convirtió en un modelo de virtud para sus feligreses y ejemplo para sus compañeros sacerdotes. Una Buena reseña de su vida la encontraremos en la pagina Web http://www.corazones.org/santos/juan_vianney.htm

Creo que en estos últimos años los medios de comunicación han enfocado su lente solamente a la imagen negativa de lo que ha sido la vida de algunos sacerdotes. Entre los casos que podemos mencionar son los casos de pedofilia, de sacerdotes que han abandonado la vida célibe para vivir algún otro compromiso fuera de la Iglesia. Sin duda, que nos ha hecho falta el dar una mirada a las vidas de muchos otros sacerdotes que han comprometido su existencia a modelar a un Jesús entregado a los más desprotegidos y mas necesitados del amor y la misericordia de Dios.

Para que podamos verdaderamente recobrar la imagen del sacerdocio que los medios de comunicación nos han deformado, es necesario que nosotros nos tomemos el tiempo de leer la vida de aquellos que la han vivido de forma extraordinaria como el Santo Cura de Ars, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Juan José Girardi, Toribio Romo, Padre Alberto Hurtado, Padre Pro, por mencionar algunos.

A partir de los números 1536 - 1599, el Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de esta dimensión sacramental del sacerdocio. En particular el número 1583 nos indica que la vocación y la misión recibidas el día de la ordenación, marcan de manera permanente al elegido. Pero cual es esta misión que le es conferida.

Hebreos 7: 25 nos dice que “el sacerdote puede salvar a los que por medio de él se acercan a Dios”.

El evangelio de Lucas 4: 18-19 habla también de esta misión al revelar Jesús su propia misión: “El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un ano de gracia del Señor”.

El Catecismo también nos indica las palabras de dos grandes santo que hablan de este ser sacerdotes y que me atrevo a transcribir aquí porque me parecen importantes.

San Gregorio Nacianceno siendo joven sacerdote exclama:

“Es preciso comenzar por purificarse antes de puri- fica a los otros; es preciso ser instruido para poder instruir; es preciso ser luz para iluminar, acercarse a Dios para acercarle a los demás, ser santificado para santificar, conducir de la mano y aconsejar con inteligencia. Sé de quién somos ministros, donde nos encontramos y a donde nos dirigimos. Conozco la altura de Dios y la flaqueza del hombre, pero también su fuerza. Por tanto, ¿Quién es el sacerdote? Es el defensor de la verdad...el que comparte el sacerdocio de Cristo, restaura la criatura, restablece en ella la imagen de Dios...”.

El Santo Cura de Ars dijo:

“El sacerdote continúa la obra de redención en la tierra.... si se comprendiese bien al sacerdote en la tierra se moriría no de pavor sino de amor.... El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.

Pienso que en estos dos fragmentos hay muy buenos puntos para reflexionar sobre el sacerdocio. Me llama la atención lo que dice en particular San Gregorio sobre la necesidad de que el sacerdote comience su misión de sacerdote con él mismo para poder transformar a los demás. Otra de las tareas esenciales es la que desempeña la comunidad en cuidar y salvaguardar la vocación de su sacerdotes mediante la oración y la convivencia frecuente con ellos. Es importante que la comunidad se cuestione en que forma ayuda a su sacerdote a ser un hombre santo, sencillo, entregado y feliz de su vocación. Recordemos que la comunidad a la que es enviada cada sacerdote es su nueva familia y una familia se preocupa por cada uno de sus miembros.

Ojalá que este año también nos sirva a nosotros como catequistas y ministros parroquiales a animar y buscar iniciativas que ayuden a toda la comunidad a reflexionar sobre el compromiso que conlleva esta vocación sacerdotal.