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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Santuario de Kolbe House, el sueño del Larry Craig Será abierto este 10 de junio, con motivo del tercer aniversario de la muerte del padre Larry Craig, el primer director de Kolbe House, una agencia que funge como el ministerio de los encarcelados.

Texto: Clemente Nicado, Editor

La pintura fue para Víctor López como una terapia espiritual en su confinamiento en una prisión por más de dos décadas.

Entró a un reclusorio juvenil del Condado de Cook, cuando tenía sólo 16 años y allá dentro se armó de un pincel para luchar contra una tempestad en su alma.

Durante su larga condena carcelaria, la pintura fue transformando a Víctor de un joven involucrado en pandillas, a un hombre apasionado por esta manifestación artística. Aprendió a pintar de manera autodidáctica, leyendo algunos libros de arte y, sobre todo, viendo a otros reclusos como arrojaban su imaginación y su zozobra sobre óleo o papel, empujados por sus deseos de darle un giro a sus vidas.

Comenzó con dibujos animados y poco a poco fue haciendo obras más complejas, perfeccionado el estilo. Paisajes, obras abstractas, rostros diversos, imágenes que desempolvaba del cofre de los recuerdos y cualquier cosa que representara un desafío artístico.

Su decisión tuvo tal impacto en su vida que al salir de prisión, 23 años después, siguió pintando. Una de sus creaciones corresponde a un cuadro de Maximiliano Kolbe, el padre polaco que fue asesinado por los nazis en un campo de concentración durante la II Guerra Mundial.

Hoy, un hombre de 42 años, libre, ya transformado, Víctor vive el orgullo de entregar todo lo aprendido en el encierro a la creación del Santuario de Kolbe House, el ministerio de los encarcelados, que será abierto el próximo 10 de junio en la parroquia Asunción, en el 2434 South California Ave.

Bajo la guía del padre Arturo Pérez, actual director de Kolbe House, Victor está ayudando a construir un sueño del padre Lawrence Craig, ex director de esta agencia de la Arquidiócesis de Chicago y quien murió hace tres años con la idea de construir el Santuario.

Un centro espiritual

El Santuario mostrará obras creadas por prisioneros y ex prisioneros, como una pintura del “Niño Cautivo”, un cuadro del siglo XVIII que muestra a un menor sosteniendo unas esposas en sus manos, una pieza que un feligrés regaló a Craig antes de morir.

Muchas de las obras estarán colocadas sobre una pared que simula la puerta de un calabozo, en cuyo centro se encuentran tres barras de una reja simbólica sobre la cual aparecen dos manos agarradas: una del voluntario de Kolbe House y la otra del prisionero.

Encabezando el altar, hay una alegoría a los cuatro pilares del ministerio de los encarcelados: Santuario, Presencia, Reconcilación y Voz. “Será un centro espiritual para los voluntarios de Kolbe, para familiares de personas que cumplen prisión, ex presos, personas que trabajan en este ministerio y para aquellos que forman parte de nuestra comunidad y quieren apoyar a las familias afectadas”, resumió el padre Arturo Pérez.

El sacerdote dijo que se trata de una primera fase del Santuario, el cual se completaría en tres o cuatro años y que pretende convertirlo en una muestra itinerante que recorra las diferentes parroquias arquidiocesanas.

El mandato evangélico

Kolbe House no sólo apoya emocional y espiritualmente a los reclusos o ex prisioneros, sino también a sus familiares afectados por el encierro de uno de sus seres queridos.

El apoyo también le llega a los familiares de las víctimas del crimen, una misión que tiene muy ocupado al padre David Kelly, quien como director del Centro Juvenil del Ministerio de Reconciliación Preciosa Sangre, trabaja muy de cerca con Kolbe House en la atención a personas afectados por la violencia de pandillas.

El padre Pérez asegura que se trata de “un gran proyecto” que ha sido llevado a cabo no sin obstáculos, pero que está agradecido de haberlo hecho realidad.

“Nuestra esperanza es que todos puedan orar. Crear conciencia del mandato evangélico”, dijo el Padre, en referencia al versículo 25:36 de Mateo: “Estuve en la cárcel y vinieron a verme”.

Razones para existir

El cardenal Joseph Bernandin fundó Kolbe House en marzo de 1983 en respuesta a una solicitud de capellanes católicos que laboraban en instituciones correccionales del condado de Cook. Se le denominó “Kolbe” en honor al sacerdote polaco Maximiliano Kolbe, y “House” para hacer énfasis en la fraternidad y hospitalidad que marcarían a esta agencia.

Un año después de su fundación, en un edificio ubicado en la avenida Grand y Paulina, la Casa Kolbe pasó a la parroquia Asunción, convirtiéndose en el primer ministerio de encarcelados que funciona dentro de una parroquia. Desde su creación, el centro funciona con voluntarios, quienes visitan las cárceles.

Para el diácono Pablo Pérez, quien trabaja activamente en Kolbe House, los voluntarios desempeñan un rol clave en la dinámica de este ministerio.

“Ayudamos a jóvenes, hombres y mujeres, espiritual y emocionalmente. Nunca les preguntamos qué hicieron para estar en la cárcel. Muchos de ellos se sienten aislados y olvidados hasta por su propia familia que nunca los visitan”, señaló.

Alrededor de 35 voluntarios trabajan cada año en el ministerio que exige cada vez más personal por el aumento de la población de prisioneros en la cárcel de la calle 26 y California Ave., donde existe un promedio de 9 mil prisioneros anuales.

Según datos oficiales recabados por esta agencia, durante un año hay unos 100 mil hombres y mujeres admitidos en prisiones de Illinois, la mayoría de ellos no han sido juzgados o esperan por un juicio.

Frente a esta realidad, Kolbe House no sólo realiza visitas personales a los presos, misas y otras actividades religiosas en la cárcel, sino también espera educar al público en general sobre las realidades del sistema de justicia criminal.

En su lucha “contra situaciones injustas”, como indica en su sitio electrónico, Kolbe House indica que a veces el “sistema” (judicial) es más grande que cualquier individuo envuelto en un crimen”.

“Sucede que no hay muchos doctores en la cárcel. La atención médica (para los presos) no es la suficiente”, comentó el padre.

El padre, sin embargo, señala que su agencia no está para cambiar el sistema, sino para acompañar (a víctimas y victimarios) a seguir adelante en sus vidas.

“Con la pintura vi a Dios”

Víctor López es un orgulloso protagonista del Santuario. Salido de la cárcel como “un hombre nuevo”, se unió como voluntario para representar a Kolbe House en las mismas cárceles donde permaneció por tanto tiempo.

Y allí está, fuera de las rejas, reanimando el espíritu del encarcelado o dando un consejo si ellos así lo prefieren.

“Les digo que también pueden aprender a pintar. A mí me aconsejó un compañero de prisión que enfrentaba una condena de pena de muerte y eso cambió totalmente mi vida”, indicó.

Víctor lamenta quizás no tener mucho tiempo para hacer visitas por estos días pero parece ser un hombre feliz de formar parte de este proyecto.

“La pintura es terapéutica. Aquí he estado pintando hasta después de la medianoche. Antes de pintar tenía mucho coraje, sin fe en nada y la pintura trajo paz dentro de mí, pude ver a Dios. Ahí estuvo Dios”, dijo.