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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Pascua Juvenil: un canto a la dignidad humana

Clemente Nicado

Editor

Cruzaron la “frontera” con las muñecas atadas, una corona de espinas sobre la cabeza y una vela encendida en sus manos.

Serios y en silencio, los jóvenes se colaron por un hueco abierto en una cerca de malla y, segundos después de entrar en el otro país (Estados Unidos), se encontraron con un cuerpo cubierto con una sabana blanca.

Era un cadáver sin nombre, uno de miles que han sido consumidos en el desierto. El muerto desconocido fue sólo uno de los simbolismos expuestos en la Pascua Juvenil celebrada en la parroquia Santa María Magdalena el pasado 18 de abril.

Eran símbolos por doquier. La incómoda corona sobre la cabeza (confeccionada de malla metálica) y las manos atadas representaban el sufrimiento, mientras que la vela encendida, la esperanza.

Aun tratándose de un escenario hipotético, montado en el sótano de la parroquia, el mensaje fue de tal intensidad que de algunos participantes, tal vez inmigrantes ellos o sus padres, brotaron lágrimas reales.

“El objetivo ha sido sensibilizar a la juventud respecto a la tragedia que viven los inmigrantes y la forma en que podríamos ayudarlos a sobreponerse al dolor y el sufrimiento”, dijo el joven Rodrigo Castro, un joven que se prepara para ordenarse sacerdote escalabriniano

Divididos en 10 grupos, los jóvenes tomaron la misma cantidad de cruces vacías, muertas, a las que fueron colocándoles flores y llenando de vida a su paso por seis estaciones que montaron ellos mismos la noche anterior.

Preparados por los propios movimientos juveniles de distintos vicariatos, los participantes buscaron en cada estación desenredar algunos de los misterios dolorosos del Rosario.

El tema de la inmigración, por ejemplo, salió a relucir en la tercera estación que recreó el misterio de la corona de espinas y que tuvo como representación “el sangrado del alma que surge por la separación de familias”.

Antes, entraron a la “Oración en el huerto”, la primera estación y el lugar donde Jesús oró antes del fatídico Vía crucis. Era un salón más frío que los demás, un escenario que representa la angustia humana.

“Aquí invitamos a los jóvenes para que no caigan en la tentación y reflexionen en los hechos que causan dolor”, dijo Rosalinda Villalobos, del movimiento juvenil El Verdadero Amor Espera (EVAE).

Una segunda estadía correspondió a la Flagelación. Para Marlon Pacheco, de la parroquia Sagrada Familia, de Waukegan, se trata de un hecho que no se debe ver a la luz de 2000 años. “Hoy estamos crucificando al Señor Jesucristo con manifestaciones de vanidad, materialismo, individualismo, pornografía y egoísmo”, dijo Pachecho en referencia a los letreros pegados a la pared.

Otras dos estaciones, “La cruz a cuesta” y “La crucifixión” fueron una invitación a los jóvenes para que se alejen de los males que azotan su vida personal, el suicidio, el aborto y de todos los signos de muerte en la sociedad.

Una última estación concebida para este evento particular, fue la Resurrección de Cristo, que regaló un vivo mensaje de esperanza.

“Lo que les decimos a los jóvenes es que en la pascua hay un motivo de esperanza. Estamos llamados a responder con vida y desde la vida a todos los signos de invitación a la muerte en la sociedad”, dijo el padre Guillermo Campuzano, quien asesora la Pastoral Juvenil en la Arquidiócesis.

Jorge Rivera, coordinador del Ministerio de Jóvenes Adultos Hispanos en la Arquidiócesis de Chicago, abundó un poco más en los objetivos de la ésta pascua. “La Pascua Juvenil es una manera de ir conociendo y viviendo el gran misterio de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús”, comentó Rivera.

El evento, celebrado cada año, busca “presentar mejor a los jóvenes el Cristo vivo, como único salvador, para que los evangelizados, evangelicen y contribuyan con una respuesta de amor a Cristo, a la liberación integral de la persona y de la sociedad, llevando una vida de comunión y participación”, dijo Rivera.

Quizás por esta razón que, tras el paso por las estaciones, hubo espacio para la eucaristía, cena, la música y diversión. Un joven distinto en alguna manera, completamente renovado.