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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Padre Michael Boehm: “Hay que ser conscientes de los signos de estos tiempos”

Texto: Clemente Nicado

Desde muy joven, el padre Michael J. Boehm se dio cuenta de la urgente necesidad de formar líderes hispanos que respondieran a una necesidad demográfica. Saltando decenas de obstáculos, incluso de índole cultural y racial, el otrora párroco se unió a otros sacerdotes y laicos que también hablaban español para fundar el Instituto de Liderazgo Pastoral, abriendo un camino a una comunidad que hoy representa alrededor del 50 por ciento de los católicos de la Arquidiócesis de Chicago.

Boehm, quien aprendió español en 1973, a su paso por Cuernavaca, considera que hoy se recogen algunos frutos de esta iniciativa. En entrevista con Chicago Católico en la parroquia Blessed Sacrament, en el sur de la ciudad, el presbítero de 59 años de edad e integrante del grupo Sacerdotes por la Justicia para Inmigrantes, cuenta de los inicios de esta iniciativa y ofrece su perspectiva al respecto.

¿Cómo fueron los orígenes del Instituto de Liderazgo Pastoral?

La misión era formar líderes capaces de dirigir el pueblo de Dios. En 1984 no teníamos nada. Así que nos unimos un grupo de sacerdotes y laicos que hablábamos español en torno al Hispanic Caucus para hacer algo porque la comunidad hispana estaba creciendo. En el grupo sólo había un hispano, el padre Arturo Pérez, actual párroco de la parroquia de La Asunción y director de Kolbe House, el ministerio a las personas encarceladas.

Nos reuníamos una vez al mes en la parroquia Providencia de Dios, en Pilsen, y en otras parroquias de la ciudad, para apoyar a los inmigrantes y a quienes solo hablaban español. Nos reunimos durante 12 años.

¿Quién dirigió este primer grupo?

El padre Larry Maddock, de la parroquia de Maternity BVM, fue el primer Presidente. Entonces había mucho racismo en muchas iglesias. Después de cinco años, reconocieron a nuestro Caucus y la Arquidiócesis nos dio recursos para trabajar con esta comunidad. Entonces comenzamos a reclutar más hispanos. Formamos equipos bautismales, catequéticos y dimos clases de relaciones humanas, espiritualidad en el Antiguo y Nuevo Testamento. También ofrecimos una reflexión teológica y religiosidad popular.

¿Puede mencionar algunos otros integrantes de este grupo?

También estuvieron los padres Dan Headley y Tim McCormick, entre otros. Todos hablamos español y podíamos entender mejor la urgencia de poner en marcha esta iniciativa.

¿Entonces hacia dónde se enfocaron los programas?

Decidimos tener un programa para enseñar y formar a la comunidad hispana en una pastoral de conjunto. Hicimos énfasis en un curso de relaciones humanas y abordamos aspectos como la solidaridad con personas de fe y en las Escrituras.

¿Qué cambios percibe desde entonces a la fecha?

Hoy hay más hispanos enseñando. Desde 1999, cuando dejé Waukegan, donde trabajé por 14 años en la parroquia Holy Family, no imparto clases.

¿Qué impacto han tenido en la iglesia los graduados en aquel proceso de formación?

El impacto ha sido profético, pero nuestro grupo y los propios hispanos nos enfrentamos a un gran reto: la cultura dominante de este país que no se ajusta a la comunidad hispana. Y después de los hechos del 11 de septiembre, aumentó el sentido del miedo a lo desconocido.

Veo también que los inmigrantes tienen miedo de ser fuertes, especialmente los indocumentados. Creo que son personas de más fe, pero tienen mucho miedo porque se sienten vulnerables.

¿Qué necesitan los líderes de hoy?

Deben ser personas de fe, muy comprometidos con sus parroquias, relacionarse estrechamente con el pueblo de Dios. Quienes trabajan relacionándose con los demás, son más abiertos. Deben tener claro que el concepto de ministerio va más allá de preparar una misa. Es formarse mediante los estudios, preparación y evaluación, también solidaridad. Tienen que ser muy conscientes de los signos de los tiempos económicos y políticos que vivimos y no tener miedo de reflexionar acerca de ellos a la luz de las Escrituras.

¿Que cree de los programas de formación que lleva a cabo la Iglesia?

Valen la pena. Porque de eso se trata, de invertir en la gente. Tenemos que seguir ofreciendo la preparación adecuada para atender a la población católica hispana que crece mucho en toda el área de la Arquidiócesis.

Es por ello importante continuar creando programas. La necesidad está ahí. Cuando los hispanos llegan a la parroquia de su barrio donde los feligreses son de otras etnias, lo primero que hacen es pedir una misa en español. Pero pocos entienden que, en realidad, lo que buscan es un ministerio hispano que incluya matrimonio, bautismo, quinceañeras, catequismo y otros sacramentos en su idioma. Tenemos que entender esto.