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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Chicago abraza al Señor de Esquipulas

Texto: Redacción Chicago Católico

Como ocurre desde hace 24 años, la parroquia de San Alfonso, en el noroeste de la ciudad, vive especial momento de fe con una misa dedicada a esta imagen de Jesucristo.

Para la peruana Filomena Pacheco, viajar más de 20 millas de su residencia para venerar al milagroso Cristo de Esquipulas fue una decisión absolutamente normal dentro de su arraigada fe católica.

“El Señor es uno sólo, no importa el color que tenga o el nombre que le pongan”, dijo Pacheco, una residente del sur de la ciudad, poco antes de iniciar la misa en la parroquia San Alfonso.

La imagen, conocida también como el Cristo Negro debido al color de la madera tallada hace más de cuatro siglos, resulta el icono religioso más venerado por los guatemaltecos y el que reúne mayor número de devotos latinoamericanos después de la Virgen de Guadalupe.

No fue raro, pues, encontrar el domingo 18 de enero en San Alfonso a feligreses de Puerto Rico, México, Cuba, Honduras, El Salvador y de otros países que se unieron a los guatemaltecos para celebrar el día dedicado al Santo Cristo de Esquipulas, en una misa presidida por el padre Claudio Díaz, director de la Oficina para Católicos Hispanos de la Arquidiócesis de Chicago.

“Para mí es todo. Es Cristo, aunque sea de otro color. Es un símbolo, somos un mismo pueblo (de Dios)”, dijo el mexicano Antonio Hernández.

Un poco de historia

La historia del Cristo Negro data de 1594, cuando pobladores asentados en los alrededores del cerro Quetzal, en Guatemala, quisieron tener una imagen de Jesús para poder venerarla.

Fue así que pidieron al escultor Quirio Cataño, entonces radicado en la capital, que tallara una imagen del Señor crucificado a tamaño casi natural. Cuentan que para poder pagar el costo de la pieza, todo el poblado trabajó en un campo de algodón, de donde obtuvieron los recursos para pagarle al escultor de origen portugués, quien entregó escultura el 9 de marzo de 1595.

En un primer momento la imagen fue colocada en una ermita y, con el paso de tiempo, fue trasladada a la cercana ciudad de Esquipulas, donde se construyó una Basílica que resulta ser la más visitada en Latinoamérica después del Santuario a la virgen de Guadalupe, en la Ciudad de México.

A Esquipulas, una ciudad que también fue sede de las conversaciones de paz en la larga y cruenta guerra civil de Guatemala, acuden cada año cientos de miles de feligreses para venerar a la figura milagrosa.

Algunos van besar la imagen o se abrazan a sus pies para expresar sus penas o su gratitud por un milagro concedido. Otros llegan empujados por su fe y tradición.

El 6 de febrero de 1996, el papa Juan Pablo II visitó Guatemala para celebrar el IV Centenario de haber sido esculpida la imagen del Señor de Esquipulas y para designar como basílica al santuario de esta ciudad.

También se desbordó la fe

A pesar de la lejanía del Santuario al Cristo Negro, los feligreses que acudieron a San Alfonso celebraron la fecha de este icono religioso que en Guatemala tiene lugar cada 15 de enero. Una de las figuras del Señor de Esquipulas y que fue traída del país centroamericano en 1985, fue colocada a un lado del altar de esta parroquia que desde entonces abrió sus puertas a feligreses hispanos para esta celebración.

En entrevista con Chicago Católico, muchos feligreses expresaron su gratitud por la presencia del Señor de Esquipulas en sus vidas.

“El Señor me ha salvado la vida en dos ocasiones. Una vez estuve muy enfermo y pensé que era el final, y en otra tuve un accidente terrible. Si estoy ahora aquí, se lo debo a él”, dijo el mexicano Jesús Rodríguez.

Durante la misa, que sobresalió por la preparación litúrgica y una alta presencia de jóvenes y menores de edad, el padre Claudio animó a los padres de familia a transmitir a sus hijos la hermosa tradición de adorar a su Cristo Negro. “Hablémosle a nuestros hijos, muéstrenle la figura, que no se pierda la tradición”, insistió ante los más de 350 personas que acudieron a la parroquia de San Alfonso.