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Catolico: Periódico oficial en Español de la Arquidiócesis de Chicago

Bajas temperaturas y mucho fervor guadalupano en Des Plaines

Texto: Joyce Duriga

Llegaron envueltos en bufandas, gorras y gruesos abrigos de invierno. Llegaron empujando carreolas con niños envueltos dentro y con estandartes con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Llegaron trayendo rosas consigo para ponerlas a los pies de María en su santuario. Y llegaron y llegaron por miles, en la fría noche de diciembre y a lo largo del día siguiente para celebrar la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe en el santuario ubicado en Maryville, en Des Plaines.

Cada año, durante los pasados 20 años, más y más católicos, la mayoría de descendientes latinoamericanos, hacen el peregrinaje a Des Plaines los días 11 y 12 para celebrar esta fiesta. De la misma manera en que lo hizo al comienzo del ministerio público de Jesús y lo ha continuado haciendo desde su asunción al el cielo, María guía al pueblo hacia su Hijo por medio de esta celebración. El eje principal de este peregrinaje son los sacramentos, en los que nos encontramos con Jesús y la comunidad de una manera íntima. Esta misma experiencia facilita que haya sacerdotes dispuestos a celebrar el sacramento de la reconciliación, en el mismo gimnasio de este lugar. Continuamente se está celebrando la Eucaristía, a fin de que participen los peregrinos, comenzando a las 8:00 p.m., el día 11 y continuando a media noche, a las 3 a.m. y a lo largo del día 12.

El evento es una conmemoración de la aparición de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en el Cerro del Tepeyac, ubicado al norte de la actual Ciudad de México. María de Guadalupe se apareció a Juan Diego en 1531 y le dijo que quería que se construyera un templo en su honor en ese cerro. Juan Diego fue con el obispo para contarle lo que le había sucedido. El obispo pidió a Juan Diego una señal de esta señora y lo que María hizo –su imagen grabada en la tilma (capa) de Juan Diego- aún permanece en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.

El santuario local en Des Plaines comenzó a construirse a mediados de los años 80. La devoción a Nuestra Señora creció y en 2005, la Arquidiócesis de Chicago asignó de manera oficial al Padre Miguel Martínez como su primer rector y dieron a este sitio el estatus de una entidad canónica, dándole la designación de "oratorio" (un lugar designado por el obispo para la adoración).

“Esta oficialidad permite la celebración sacramental en el lugar (bautismos, confirmaciones, matrimonios, etc.) y desde entonces se le dio el nombre canónico y oficial al recinto: Maryville-Our Lady of Guadalupe Chapel”, de acuerdo al sitio web del santuario (www.madredeamerica.org).

Los peregrinos vienen de toda el área de Chicago, de Indiana, Wisconsin y más allá para conmemorar este día de fiesta. Representa un hogar lejos de casa para muchos mexico- americanos. El Santuario de la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe es el único lugar, fuera de México, autorizado por la Arquidiócesis de la Ciudad de México, donde los fieles pueden cumplir las promesas hechas a Nuestra Señora. Los peregrinos a Maryville vienen a participar en misa y a visitar el cerrito; colocan flores ante la enorme estatua de Nuestra Señora de Guadalupe y frente a la copia de la imagen de la tilma de Juan Diego. Encienden veladoras que también llevan su imagen y piden que se les bendigan artículos religiosos. La noche tiene la sensación de una celebración. Hay fuegos artificiales, que simbolizan la alegría, afirmó el Padre Martínez a la multitud la noche del día 11, mariachis, comida mexicana y venta de artículos religiosos.

Dado lo fría que normalmente es esta noche, un observador señaló que el sólo hecho de visitar el santuario es un acto de fe. Las calles alrededor de Maryville se cierran y los peregrinos deben caminar o tomar autobuses para llegar al sitio. Pero eso también es parte del peregrinaje. Muchas parroquias arquidiocesanas realizan “la antorcha guadalupana” que consiste en ir caminando hasta el santuario, encender antorchas y llevarlas caminando de regreso a su parroquia. Algunas parroquianos, como los de Nuestra Señora de Lourdes (North Ashland Avenue), caminan millas y millas hasta el santuario y regresan caminando a su parroquia.

Todo esto es un acto de fe, único en Chicago, que todas las personas deberían experimentar.